Málaga en la época de Picasso

Vista de Málaga (siglo XIX)

La Málaga en la que nació Picasso, el 25 de octubre de 1881, era una ciudad en decadencia, aunque durante buena parte del siglo había podido contarse entre las capitales más emprendedoras y modernas de España. Su desarrollo económico se basó en la exportación de productos agrícolas de la provincia, sobre todo vinos y pasas, pero sus beneficios permitieron además impulsar proyectos industriales que, en el caso de las siderurgias y de las manufacturas textiles, llegaron a contarse entre los más importantes del país. Málaga duplicó su población en cien años, creció con nuevos barrios y con nuevas viviendas en el centro, donde se abrió la calle Larios. Si bien existió una amplia clase media, la mayoría de la población era proletaria, con pésimas condiciones de vida que contrastaban enormemente con las de la enriquecida oligarquía que regía la ciudad; esta situación ocasionaba una fuerte conflictividad social. A pesar de todo, Málaga era una ciudad activa, con un ambiente animado y cosmopolita en su puerto, y cuyos habitantes repartían su ocio entre los paseos por las calles principales, los cafés y tabernas, las corridas de toros (principal espectáculo hasta la tardía inauguración del Teatro Cervantes en 1872), excursiones campestres a las fincas cercanas, tertulias en los hogares burgueses y reuniones de las élites en el Círculo Malagueño y el Liceo, entidades organizadoras de muchos actos culturales. A pesar del elevado analfabetismo, la prensa vivió un gran auge y hubo un número apreciable de centros de enseñanza, entre ellos la Escuela Provincial de Bellas Artes, fundada en 1851. Los pintores locales se vieron favorecidos por la buena situación económica de la burguesía, que apoyó la enseñanza de las artes y mantuvo una gran demanda comercial. Ferrándiz, Haes, Ocón, Muñoz Degrain, Denis, Martínez de la Vega fueron algunos de sus nombres más destacados. La crisis llegó en los últimos decenios: por razones diversas, decayeron las industrias y la agricultura, cuyo golpe de gracia fue la plaga de la filoxera, que hacia 1885 había acabado con casi todos los viñedos de la provincia. A este negro panorama hay que añadir el terremoto de 1884 y la epidemia de cólera de 1885, que provocaron alrededor de dos mil quinientos muertes.